Probióticos y prebióticos en pediatría: ¿Qué recomiendan los médicos?

Recopilar datos científicos sobre la recomendación de los probióticos y prebióticos en el entorno clínico pediátrico puede presentar un desafío, pero las pruebas existentes demuestran su eficacia en una serie de situaciones.

Ese es el punto de vista del pediatra que ejerce en los Estados Unidos, Dr. Michael Cabana, quien recientemente realizó una revisión de las pruebas en la conferencia de la Asociación Científica Internacional para  Probióticos y Prebióticos (ISAPP) de Singapur (2018).

Sostiene que hay un creciente uso clínico de probióticos, pero menos de prebióticos y trató de evaluar su eficacia en una serie de condiciones pediátricas.

 

  • Uso de los probióticos en el tratamiento de la gastroenteritis viral aguda

El doctor Cabana dijo que había pruebas solidas de que las cepas probióticas eran eficaces en estos casos, pero señaló que el impacto clínico podía ser limitado.

Cabana dijo que un análisis de 63 ensayos que incluían 8.014 pacientes demostró que los probióticos no causaban efectos adversos y reducían la duración de la diarrea.

“Una serie de meta-análisis demuestra que la reducción de la duración de la enfermedad es de 25 horas. Como médico tienes que pensar si merece la pena. En algunos casos sí y, en otros, a lo mejor no”, dijo.

 

  • Otitis media: ¿Deberían prescribirse los probióticos junto con los antibióticos?

El doctor Cabana dijo que había razones de peso para recomendar probióticos junto con un tratamiento de 10 días con amoxicilina a la hora de tratar otitis media para reducir la diarrea.

“La prueba en este caso es contundente; se que no funcionará en todos los casos pero hay muchas probabilidades de que lo haga”.

Sin embargo, advirtió que con el aumento de la complejidad y duración del tratamiento, la adherencia del paciente disminuiría.

“Si el tratamiento es de cuatro veces al día, puede que obtengas una respuesta de dosis negativa. Está la ciencia y luego está el arte”.

 

  • ¿Deberían los bebés amamantados tomar probióticos para reducir el riesgo de enfermedad al empezar la guardería?

En este contexto, el doctor Cabana dijo que no recomendaría tal estrategia, pero no pondría objeciones a los padres que lo hicieran.

Citó investigaciones que demostraban que la toma diaria de probióticos no se correspondía con menos días de ausencia, infecciones del tracto superior o inferior o la diarrea.

Añadió que algunos estudios sobre el cuidado infantil demostraban efectos positivos en niños que habían recibido lactancia materna mínima o nula.

  • Deberían utilizarse los probióticos para aliviar los cólicos?

Según el doctor Cabana, la literatura sobre los probióticos y los cólicos se ha desarrollado rápidamente en los últimos años.

“En general, los resultados sugieren un beneficio positivo, habiendo un único estudio que registró un impacto negativo”.

“Creo que funciona mejor en niños amamantados que no toman otras medicaciones gastrointestinales y que empiezan a consumir probióticos en una edad más temprana”.

Agregó que aún no había pruebas suficientes para recomendar probióticos a niños saludables con el fin de prevenir futuros cólicos.

 

  • ¿Deberían utilizarse los probióticos para prevenir la dermatitis atópica?

En cuanto a este aspecto, el doctor Cabana dijo que las pruebas eran contradictorias. Hizo referencia a un estudio del 2001 en el que se demostraba un beneficio, pero un ensayo del 2008 demostró que no tuvo ningún efecto.

Una posible razón para la variación podía haber sido la duración de la lactancia materna. En el primer estudio, la duración media era de 6,5 meses, y en el segundo era de 9,2 meses.

“Por ahora, las pruebas son contradictorias. Hemos visto su éxito prenatal y post-natal en Finlandia pero no en Alemania. También hemos obtenido un resultado negativo de su uso post-natal en San Francisco”.

 

¿Por qué es la investigación pediátrica tan desafiante?

El doctor Cabana dijo que su análisis de las pruebas ha reforzado el porqué de la dificultad de investigación de los probióticos en pediatría.

Dijo que había desafíos en torno a la dependencia, señalando que la investigación sobre cólicos depende de que los padres mantengan los registros adecuados de las incidencias del llanto. Además, también podían cambiar de parecer y no querer participar en el tratamiento o los ensayos.

El desarrollo de los ensayos puede ser complicado, sobre todo porque hay un mayor escrutinio sobre la seguridad cuando se trata de estudios en niños, y también puede resultar difícil comparar las intervenciones contra un placebo.

“Por ejemplo, no podíamos utilizar un placebo en la evaluación de la diarrea”.

También está la cuestión de un pago diferido y la dificultad de medir los beneficios a largo plazo de la intervención, así como el número limitado de los sujetos potenciales.

Además, argumentó que las cuestiones demográficas a menudo significaban que había comunidades desatendidas que no figuraban en los estudios.

 

Referencias

 

ISAPP 2018 ANNUAL MEETING.